WOLFRAMIO

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Leyendo #Wolframio aparece #Cortázar con #lasbabasdeldiablo y a mi me da un vuelco. Este libro es una maravilla. #ainhoarebolledo

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Leer una novela que ha escrito alguien a quién conoces mucho te obliga a leerla de dos formas simultáneas: como el lector general que disfruta la historia y como la amiga que piensa en aquella que ha escrito esa historia. Y en la primera página ya has decidido que tendrás que tomar nota de todas las cosas sobre las que querrás preguntarle.

En el mes de julio más infernal que recuerdo de todos los que he pasado en Madrid, y han sido muchos, Wolframio ha conseguido traerme por las noches la lluvia gallega desde sus páginas, el olor vegetal y mojado de los bosques por los que los fantasmas como Fendetestas, vagan. Esta novela, esta historia de familia en la que los nombres reales llegan hasta donde conozco y los inventados se me escapan, le pertenece a su autora y ahora nos pertenece a todos un poco, porque ha sido generosa dejando que la compartamos con ella, que la guardemos con mimo en nuestras librerías y que la leamos despacio y en silencio descubriendo esa parte de la Historia de nuestro país que siempre estuvo ahí y de la que casi nadie habló. Ahora yo lo haré en los cafés, en los bares, en las conversaciones de Whatsapp, porque para eso sirven también los libros, para hablar de ellos, para mantenerlos vivos más allá de los muertos. Para buscar en Google los lugares que describen y descubrir que eran como los imaginaste al leer sobre ellos.

Escribir bien es tan difícil como hacer magia. Uno no puede descubrir el truco, no puede ver al mago hacer un movimiento extraño, nada debe chirriar en el espectáculo. Debemos creer lo que ven nuestros ojos. Cuando las manos paren de moverse, la moneda ha flotado realmente, la paloma ha desaparecido, la carta coincide con la que surge sola del mazo. La vida ha dejado de ser como la conocíamos abriendo un mundo de posibilidades nuevas. Escribir bien es lo mismo. Una comienza a leer un libro y cuando lo cierra al final siente que ha estado allí. Que ha creído en todo lo que le contaban. Y sabe que es bueno, muy bueno porque conoce a la autora y esta ha conseguido que la olvide en el transcurso de la lectura, desaparecer detrás de la narración, que ya no me importe qué es real y qué no, todo ocurrió como se cuenta y así ocurrirá para siempre.

Wolframio se queda en mi biblioteca como todas las novelas que elijo para vivir. Y cuando vea a Ainhoa Rebolledo no voy a poder preguntarle ni un por qué, solo podré darle las gracias por la magia.

Gracias Ainhoa.

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La maga, pero de verdad

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